Ley Seca

Enero 26, 2021

Una de mis comentaristas panameña favorita de todos los tiempos es Flor Mizrachi. Tiene una perspectiva incisiva y no tiene problema en compartirla. La escucho todos los días y ¡me encanta! Es como porno político. Una forma de ASMR en su propio modo. Es bastante diferente de otros comentaristas que parecen tropezarse con sus palabras (o más bien falta de ellas) y claros conflictos de intereses. Es también una defensora de la salud mental, aún un tabú en nuestro país.

Sin embargo, durante la cuarentena hay un punto con el que no concuerdo con la periodista: la ley seca. Nuestro país adoptó la ley seca al inicio de la cuarentena total durante varios meses, en una medida que estoy seguro habrá sido impopular entre empresarios, donadores de campañas politicas y consumidores por igual. Entre todos los desaciertos de éste Gobierno y todos los demás de la región, considero la ley seca fue uno de los aciertos importantes y quisiera sustentar mi apoyo.

En Panamá, nos encerramos con nuestras burbujas familiares, limitando el tiempo de esparcimiento fuera de nuestros respectivos domicilios. La incertidumbre ante una nueva enfermedad transmisible y su impacto en los ingresos por la desaceleración de la economía potenciaron situaciones estresantes que pudieron resultar en violencia doméstica. El consumo libre de alcohol, con su capacidad depresiva y desinhibitoria, era una receta para potencial desastre.

¿Imaginas ser víctima de violencia doméstica regularmente y ahora estar encerrado las 24 horas del día, los 7 días de la semana con tu agresor, intoxicado, desinhibido?

La violencia doméstica no es exclusivamente violencia física, sino que representa diferentes formas de agresión en la que se hace uso de poder de un invidividuo sobre otro en base al miedo y abarca abusos: emocional, psicológico, físico, sexual y verbal, entre muchos otros. Tampoco es exclusivo contra la pareja, sino que puede estar orientado a niños y ancianos.

Por lo general, según cifras de otros países, hasta el 80% de los crímenes domésticos violentos se relacionan al uso de drogas y alcohol. Los hombres son los agresores predominantemente y si añadimos la dependencia a drogas o alcohol, la probabilidad de estar involucrados en violencia doméstica se multiplica seis veces.

Todos los autores en la materia concuerdan en que hay un sub-registro de estos incidentes y que el problema debe ser peor al registrado en cualquiera de los países con cifras disponibles. Pasada la pandemia nos encontraremos con un nuevo panorama en materia de violencia doméstica: nuevas cifras, nuevas consecuencias. No pasemos por alto este terrible problema social en nuestras comunidades.

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