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En contra de las campañas de cinta rosada y celeste

Todos los años, nuestro país estalla en una fiebre publicitaria que reviste a casi todas las instituciones públicas y organizaciones privadas. La lucha contra el cáncer. En principio noble y bien intencionado, pero desacertado fuera del contexto publicitario. Todos los participantes lo hacen para permanecer vigentes ante la opinión pública. De no hacerlo, serían criticados por todos, de modo que estamos claros en la ironía de nuestra crítica. No obstante, pedimos paciencia y llegar al final de esta entrada antes de desempolvar sus tridentes y antorchas.

Un poco de historia...

El uso de las cintas no es nuevo y su forma actual, aunque se puede trazar a una iniciativa de artistas que intentaban crear conciencia sobre la pandemia del SIDA en 1991, realmente su uso en occidente es mucho más viejo. En nuestro país las campañas abarcan los colores rosado para cáncer de mama y celeste para cáncer de próstata, dos de los principales cánceres en mujeres y hombres a nivel nacional. Sin embargo, existen cánceres peores, por mucho menos populares, como de pulmón y estómago que no poseen campañas tan bien establecidas, pero que cobran incluso más vidas.

¿Prevención?

El cáncer, muy por el contrario de todo lo que han dicho y repetido campañas año tras año, no puede prevenirse, sólo detectarse temprano. Un diagnóstico tardío es casi sinónimo de muerte. ...pero, en aquella revista leímos que tal o cual medida prevenía el cáncer. ¿están equivocados?

Sí. Los estudios no se hacen en personas que sabemos van a tener cáncer, sino en grupos que comparten ciertas características biológicas comunes, como edad o género, pero que están sometidas a uno o algunos factores ambientales distintos, como un régimen dietético o de ejercicios concreto, para luego comparar por estadística qué grupo tiene menos o más cáncer.

El otro problema es que los artículos se agarran de un detalle de estudios científicos, como la presencia de una determinada molécula en un alimento, para prometer cura o prevención a sus lectores. Esto no toma enncuenta la dosis, que muchas veces puede ser tóxica, de modo que hay que leerlo como una curiosidad, no como un hecho.

Y, ¿qué proponemos?

Hace unos años, una iniciativa del despacho de la primera dama, al gastar recursos intentando una hazaña publicitaria. Todos criticamos la medida, con justa razón. No obstante, nos hacemos de la vista gorda con el gasto de diferentes actores en artículos rosados o celestes, organizando caminatas y campañas promocionales para la sensibilización ante el cáncer.

El dinero gastado bien podría ser destinado a abastecer los hospitales públicos con los insumos necesarios para propocionar los servicios necesarios todo el año, o para que los centros privados redujeran los costos facilitando acceder a dichos servicios necesarios.

El problema con esta medida es que el público panameño no toma responsabilidad por el aspecto preventivo de su salud, sino que reaccionan emocionalmente a las campañas o cuando algún familiar o amigo enferma. La gente, sencillamente, no está lista para tomar en cuenta las revisiones médicas en sus agendas, ni siquiera para sus cumpleaños.

Otro punto en contra es que la publicidad para la sensibilización ante el cáncer de mama y próstata representan una forma de promoción de la que se benefician todas las partes involucradas... excepto los pacientes.

Algunas palabras finales...

Muchas organizaciones y personas desean participar ayudando a pacientes con cáncer, partiendo de un genuino interés. Sin embargo, la propia comunidad y gobiernos locales no están organizados de forma tal que se facilite la cooperación. Todos los años, estudiantes de preparatoria cumplen con un efímero servicio social que tiene la misma función que la campaña que hemos decidido criticar en esta entrada. La intervención de los chicos no cambia en nada la situación de las personas en vunerabilidad social, y cumplen con las horas requeridas sólo como un requerimiento para obtener un diploma.

Las oficinas públicas y empresa privada tampoco tienen un interés organizado para ayudar a éstos pacientes con cáncer o facilitar campañas de salud preventiva todo el año, de modo que no nos sentimos optimistas en que la dinámica social cambie en el futuro cercano en beneficio de pacientes de toda la República.

Quizás lo único que haga falta, sea tu interés, querido lector.

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