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En contra de la democratización de la salud

El término “democratización” se ha empleado en salud para hacer referencia a la cobertura universal de atención sanitaria preventiva y curativa dentro de una región o país. No obstante, a carencia de un mejor término, emplearemos “democratización” en esta entrada de otra forma ante una variedad de cambios sociales y culturales que no hemos experimentado previamente de forma tan amplia. Están advertidos que continuar al leyendo esta entrada porque podrían tener nociones antagónicas cuando se compare este contenido con otras fuentes de información.

De acuerdo a Wikipedia, la democratización se define como una transición de un régimen autoritario a uno con mayores libertades civiles. El ejemplo más claro es el proceso, violento o pacífico, en que un país pasa de una dictadura a vivir en democracia, donde todos tienen oportunidad de participar en las decisiones, particularmente el sufragio, y velando el cumplimiento de los derechos humanos.

Para todos es evidente que la tecnología ha aportado de forma enorme a la democratización, permitiendo la libre expresión y organización entre particulares. ...pero la democracia está lejos de ser ideal. Tomemos el ejemplo de Sócrates, que en el año 399 antes de la era actual en Atenas, fue condenado a muerte por un tribunal luego de ser acusado de tres cargos, basado sólo en testimonios, y que le fueran negadas otras formas de castigo, salvo la muerte. Alguno podría argumentar que se trata de un proceso amañado, no de una falla intrínseca en la democracia, pero lo cierto es que en la democracia y cualquier proceso democrático, todos tienen una participación en la toma de decisiones, ya sea que estén o no preparados para tomar la mejor decisión en base a su experiencia o conocimientos.

En la actualidad, con el uso de redes sociales, hemos experimentado una democratización en todos los aspectos de nuestras vidas, ya que tenemos voz para opinar en temas tan variados como política internacional o selecciones deportivas, y al mismo tiempo estamos expuestos a que otros puedan opinar sobre lo que se comparte en estas redes. Esto ha conducido a un organizado, pero informal, movimiento anti-vacunas responsable del resurgimiento del sarampión recientemente como el peor ejemplo de esta democratización. En este ejemplo, los padres han puesto su decisión de no vacunar a sus hijos por encima de las indicaciones médicas en materia de salud pública basados en mitos ampliamente divulgados en redes sociales, que parten del desconocimiento no sólo de salud pública e historia de la medicina, sino de temas tan complejos como microbiología, inmunología y farmacología, por mencionar algunos.

Los médicos pasan años estudiando estos temas, basado en evidencia científica e interminables pruebas de seguridad farmacológica, pero el público considera tener una opinión válida que emitir debido a que pueden hacerlo sobre todo lo demás. Esta tendencia ha infectado otras áreas de la ciencia como la astronomía, que ahora debe lidiar con quienes plantean que la Tierra es plana, la geología, que cuenta a su vez con personas emplean estimaciones bíblicas para determinar la edad del planeta, y la química, que se ve forzada a tener que explicar una y otra vez por qué la memoria molecular del agua no existe. Cada uno de estos ejemplos parte de la democratización de la información, en plataformas sobre las cuales cada quien puede argumentar o inventar razones, asociaciones o causalidades sin ninguna preparación científica, y que los países no han impuesto sanciones para los daños públicos que estas creencias puedan ocasionar.

Ustedes podrán decir que creer que la Tierra es plana, que nuestro planeta tiene tan sólo seis mil años y que el uso de remedios holísticos no hieren a nadie… pero sí en materia de salud, porque hay personas con enfermedades serias que llegan a sentirse desalentadas por la evidencia científica, que abandonan tratamientos médicos probados, jugando con sus vidas o las de sus familiares, al acogerse a tratamientos pseudocientíficos que sólo los ponen en riesgo. Quienes dan los consejos u ofrecen remedios falsos no enfrentan consecuencias legales. Así que es por este motivo que nos oponemos a la democratización de la salud, no a la cobertura sanitaria universal, porque no todo quien tiene voz cuenta con las herramientas para tomar decisiones balanceadas, bien fundamentadas.

Pero ya puedo escuchar a algunos detractores acusarnos ser parte de una conspiración global para defender los intereses de las compañías farmacéuticas o de ser parte de un régimen patriarcal en la ciencia. Lo cierto es que al no prescribir medicamentos somos completamente independientes a los intereses comerciales de las farmacéuticas, así que no ganamos o perdemos defendiendo otra industria, y por contrario que suene a la temática de esta entrada, no existe disciplina más democrática que la ciencia, me explico por qué. Para que algo sea ciencia debe tener evidencia, que se obtiene mediante el método científico, que parte de la observación, la formulación de una hipótesis, experimentación y registro de datos, análisis de los datos, y una conclusión en la que se confirma o refuta la hipótesis. Todas las pseudociencias que se han apoderado de las redes sociales tienen el mismo problema, porque se estancan en una hipótesis, que se formula en base a observación, sin ninguno de los demás pasos del método científico.

La próxima vez que escuche sobre que la Tierra es hueca o que todos los males se remedian con bicarbonato de sodio, pregúntese:

1. ¿Permite la fuente ir por uno mismo a confirmar las afirmaciones?

2. ¿Alguien gana con la venta de dicho remedio?

3. ¿Existen monografías científicas o estudios publicados sobre el tema?

4. ¿Tienen responsabilidad civil o penal en caso que los resultados prometidos no sean los esperados?

salud, democratización, pseudociencia, redes sociales

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